dimarts, 10 d’abril de 2012

Terrorisme d'Estat



Terrorismo de Estado



En los últimos días estamos siendo testigos de casos inadmisibles de violencia y terrorismo de Estado:

Primero la violencia policial desmesurada contra los manifestantes el pasado 29M, entre los cuales aparecieron violentos que, en todo caso, empleaban dicha violencia contra objetos, no contra seres humanos. Digno de mencionar es el hecho de que fuese una reducida minoría de la manifestación, cosa que no justifica en absoluto gasear y disparar también a la gente que se comporta de modo pacífico.

Una minoría que sí, atacaban a la policía con botellas y piedras (entre ellos polis de paisano disfrazados de antisistema) para conseguir esa respuesta desmesurada de los uniformados. Bolas y gases, que, por cierto, fueron usados por primera vez contra la gente que protestaba pacíficamente, derecho que amenaza con desaparecer por momentos, según las últimas informaciones (¿quién habló de "democracia"?). No es para nada comparable la indumentaria civil con el ir protegido de cabo a rabo con cascos, rodilleras, botas y demás parafernalia militar, ir armado con armas de fuego y apoyarse en furgones. Los “paramilitares” arremeten contra la población sin demasiada moderación como bien lo prueba el que un joven llegara incluso a ser atropellado. La violencia policial es con toda evidencia del todo desproporcionada. 

Pero sobre todo los antidisturbios van protegidos con algo a tener muy en cuenta y consideración: la ley y el anonimato. Ambos datos relevantes les permite entregarse sin más a la violencia libre y descargar sus frustraciones con la población que supuestamente deben proteger y no agredir. "Disparo a la cara a un joven que estaba bien tranquilo, le saco un ojo y, como participo del colectivo anónimo de antidisturbios, ¿quién me va a castigar? ¡Nadie!", esto deben de pensar esos inhumanos, y el decir que un joven estaba tan tranquilo no es por enconar: yo mismo presencié un hecho de esta naturaleza.

Gases lacrimógenos, armas con bolas de balas que sacan ojos, antidisturbios que aporrean a la gente aun cuando está tratando de dispersarse pero no puede debido a un tapón humano... ¿Qué policía es ésta? Pero, más importante todavía, ¿qué Gobierno el que lo permite? Y ¿qué clase de estúpido el que lo justifica? 

Pero el Terrorismo de Estado no se limita a esto. Quiere más y está dispuesto a cumplirlo: acabo de enterarme de la detención ilegal de un periodista, Rachid Ali, a quien detuvieron sin justificárselo ni leerle los derechos: esto se llama claramente SECUESTRO, una práctica muy habitual en las diferentes dictaduras de corte fascista, y nada propias de un Estado que se autodenomina democrático. 

Todavía más indignante que esto, parece que la policía ha asesinado a un joven de un disparo con una de esas bolas a la cabeza, Iñigo Cabacas. Ya se sabía que las bolas eran peligrosas, pero siguen usándolas, y al final ha tenido que suceder lo más trágico: la muerte de una persona. Las fuerzas de seguridad ya no se limitan a aporrearte, gasearte y a secuestrarte: ahora te matan. Vivimos en un Estado asesino y brutalmente represor que lo hace con nuestro dinero y con el voto de muchos, y aún hay gente que pretende defenderlo, masoquistas sin ápice de dignidad. 

El problema de todo es que el sistema, aun siendo de naturaleza dictatorial, ha conseguido convencer a muchos de que es todo lo contrario, de que vela por la libertad y el bienestar de los ciudadanos, sólo porque gozamos de ciertas libertades y porque podemos votar al dictador de turno. Poder elegir a un dictador no hace a un sistema menos dictatorial, y ciertamente el gobierno se comporta despóticamente. 

Hay que saber identificar al opresor, al enemigo de la libertad y el bienestar: el mismo que nos dice que nos lo va a procurar, ¿cómo? Recortando en derechos sociales y lanzándote la milicia del poder (la policía) si osas protestar, y endureciendo las leyes penales aduciendo que no se puede permitir la violencia por parte del ciudadano que recibe a diario la violencia de la desigualdad y la precariedad (que amenaza, como en Grecia, con convertirse en pobreza). 

Lo que no puede ser es que el pueblo, por su ignorancia respecto al funcionamiento del capitalismo, se crea los bulos de que los recortes en el sector público son necesarios, y de que los mismos van a sanear la economía. Todo lo contrario, obstaculizar el consumo equivale a obstaculizar la economía y esto bien lo saben los que gobiernan. Resulta evidente que no quieren solucionar la crisis sino usarla para justificar estos recortes sociales y así dar rienda suelta a la privatización y acercarnos cada vez más a un sistema de capitalismo salvaje o neoliberalismo. 

Y lo que no puede ser es que se apele a una moralidad con criterios variables. El joven rabioso por el futuro negro que se le presenta y angustiado por la pasividad del pueblo ante el retroceso del bienestar social que usa la violencia contra quienes lo están provocando es condenado por su inmoralidad. Sólo trata de expresar su rabia por los verdaderos violentos: políticos, capitalistas y sus medidas conjuntas en pro del neoliberalismo que consiste en la privatización total, en un mercado desregularizado y en el desmantelamiento de lo público. Todo ello ya se está empezando a efectuar. 

Con todo: informémonos bien de cómo funciona nuestra sociedad para poder ser críticos y defender nuestros intereses y los de nuestros semejantes en lugar de ser engañados como idiotas por quienes sólo quieren aprovecharse de nosotros y sumirnos en la miseria en favor de su enfermizo enriquecimiento material; y no menos importante: unámonos a organizaciones de lucha social para cambiar las cosas en lugar de agachar la cabeza y someterse al yugo del capital. 

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